El grito de guerra en Anfield: “¡Llorente, Llorente!”

En cuanto el fuego cesó, todos buscaron a Marcos Llorente y a Jan Oblak. Entre los dos habían obrado lo que en diciembre sobrepasaba la categoría de milagro. Y de la nutrida grada de aficionados rojiblancos, en el fondo opuesto al estruendoso ‘The Kop’, cerca del banquillo donde Simeone no dio tregua hasta el pitido final, reclamaron a su nuevo héroe. “¡Llorente, Llorente!”, bramaba con fervor el único rincón de Anfield que mantenía su posición. Mientras Oblak, después de repeler 16 disparos y ver aproximarse otros 18, vivía en calma su particular festejo. El resto de los asientos yacían desnudos por la hazaña del Atlético. La primera victoria de su historia en el retocado templo red dejó a la Champions sin su campeón, en la primera criba.

Para entonces, obviamente, a Diego Costa ya se le había pasado el cabreo. Dejó su sitio a Llorente dando una patada de rabia a una botella de agua, sin saber que su sacrificio iba a ser decisivo para la suerte del partido y la eliminatoria. Al son del brasileño se movieron todos, incluido Joao Félix, en su corrida más impactante desde que es profesional.

“Estamos todos muy cansados, pero mereció la pena. Hemos sufrido y trabajado mucho”, aseguraba extenuado. Para cuando sus piernas flaquearon, al borde del ocaso de la primera parte de la prórroga, al Atlético ya lo había rescatado su inesperado héroe que, hasta anoche, sólo acumulaba en la Champions nueve minutos ante el Lokomotiv y media parte ante el Liverpool. Aunque fue el joven portugués quien le descubrió en ese primer zarpazo.

“SUFRIMOS A MUERTE”

Su hora y cinco minutos de Anfield forma parte de la leyenda rojiblanca. En ese tiempo, concentrado en una prórroga de ensueño para él, y para su equipo, soltó dos zarpazos milimétricos al Liverpool y regaló el de la victoria a Morata, dos ex del Real Madrid, congraciados con una afición que, lógicamente, de primeras les miró de reojo.

“No sabemos dónde está nuestro techo de aguantar y sufrir. El equipo hizo un trabajo increíble, sufrimos a muerte y logramos la victoria”, sostenía Llorente exultante, entre empujones de sus compañeros. Acababa de quebrar una racha de 25 partidos del Liverpool sin caer ante su gente (18 victorias y siete empates). Entre él y Morata inventaron las dos estocadas finales.

“SE RECORDARÁ PARA SIEMPRE”

La batería de Simeone, después de 120 minutos al máximo, también estaba algo tocada. El técnico casi deja sin cabeza a Trippier, uno de los primeros con los que se topó tras completar una de sus mayores gestas (si no la mayor) desde que lleva la batuta. “Nos llevamos un partido muy importante que se recordará para siempre. Es el mejor rival al que me he enfrentado desde que estoy aquí”, sostenía el argentino. A él, por supuesto, no le sorprendió lo que Llorente y Oblak acababan de hacer.

“El Barcelona tiene a Messi y nosotros tenemos a Oblak. Nos soluciona partidos bajo los palos, pero el equipo también le potencia”, dijo sobre el portero. “Marcos entró para dar fortaleza y piernas para la banda derecha. Necesitábamos sus pulmones. Lo que hizo hoy, lo hace en los entrenamientos”, concluía. Acababan de tomar Anfield, y eso no es algo que ocurra todos los días.

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